Hipertensión y alimentación

Para tratar la hipertensión no sólo es importante una alimentación sana sino también baja en sodio (baja en sal) .
Si se reduce la ingestión de sal de 12-15 g diarios a 4-6 g diarios, se obtiene una reducción moderada de la presión arterial de 10-15 mmHg casi en todos los pacientes hipertensos. Se puede lograr una pronunciada reducción de la presión arterial reduciendo la ingestión diaria de sal a 3 g.
Una ingestión excesiva de sal, p. ej., cloruro sódico o "sal de mesa", es perjudicial para el organismo. Produce una constricción de los vasos sanguíneos y con ello un aumento de la presión arterial, lo que aumenta la hipertensión existente. Además, en el caso de determinadas enfermedades, como insuficiencia cardiaca, enfermedades renales y hepáticas, es muy difícil eliminar la sal del organismo, lo que significa que pueden aumentar los efectos de la enfermedad.

Aparte de la ingestión de sodio o de sal aisladamente, el índice sodio/potasio desempeña una función especialmente importante. El efecto positivo de una dieta rica en potasio se debe a una mayor eliminación de sodio y de agua por los riñones. Una dieta rica en frutas y verduras también reduce la presión arterial.

El colesterol es uno de los principales factores de riesgo de la enfermedad cardiovascular. Se ha demostrado que los ácidos grasos poliinsaturados del pescado y de los aceites vegetales reducen las concentraciones de colesterol y la presión arterial.

Sin embargo, hay que resaltar que la reducción de sal y un cambio de dieta sólo aportan beneficios reales a la salud si van acompañados de otras medidas: reducción de peso, consumo limitado de alcohol, aumento de la actividad física y reducción del estrés crónico que es perjudicial para la presión arterial.